sábado, 3 de marzo de 2012

I. No hay, al principio, nada. Nada. El río liso, dorado, sin una sola arruga, y detrás, baja, polvorienta, en pleno sol, su barranca suave, medio comida por el agua, la isla.

Nadie nada nunca, Saer, 1994


Y a mi me dan ganas de llegar a alguna isla, río arriba, por el Paraná