sábado, 17 de julio de 2010

(o no seas tan caprichosa)

¡Siempre! Es una palabra terrible. Me hace estremecer cada vez que la escucho. A las mujeres les gusta con exceso. Echan a perder todo idilio al pretender eternizarlo. Además es una palabra sin sentido. La única diferencia entre un capricho y una pasión de toda la vida, es que el capricho dura más. (El retrato de Dorian Grey, Oscar Wilde)

Es así, no le des más vueltas.

Y mientras pienso, suena I let love in (Nick Cave&las malas semillas)

A modo de exorcismo...

empiezo a escribir esto, para sacudirme el costado más dramático, que, al final de cuentas, no lo es tanto. ¿Una depresión? ¿Un desengaño amoroso? ¿Una herida narcisista? Quién, alguna vez, no pasó por eso? Será esta la crónica de mi cura? Vaya uno a saber. Después de años (años!) de análisis de diverso tipo (hasta pedagógicos) resulta que este espítitu melanco es producto de una personalidad distímica. ¡Odio! ¡Odio eso! Quiero abandonar el drama, que en mi es casi como el rock. Así será