sábado, 17 de julio de 2010

A modo de exorcismo...

empiezo a escribir esto, para sacudirme el costado más dramático, que, al final de cuentas, no lo es tanto. ¿Una depresión? ¿Un desengaño amoroso? ¿Una herida narcisista? Quién, alguna vez, no pasó por eso? Será esta la crónica de mi cura? Vaya uno a saber. Después de años (años!) de análisis de diverso tipo (hasta pedagógicos) resulta que este espítitu melanco es producto de una personalidad distímica. ¡Odio! ¡Odio eso! Quiero abandonar el drama, que en mi es casi como el rock. Así será

No hay comentarios:

Publicar un comentario